miƩrcoles, 10 de junio de 2020

Camino al desastre.

Camino al desastre.


Aunque esta cita es antigua, sus enseƱanzas siempre son actuales. En el apogeo de la burbuja de las puntocom a finales del siglo XX, Webvan se destacó como una de las nuevas startups mĆ”s atrayentes con una idea que potencialmente podĆ­a interesar a todos los hogares de Estados Unidos. 

DespuĆ©s de conseguir uno de los botines financieros mĆ”s grandes jamĆ”s vistos (mĆ”s de 800 millones de dólares estadounidenses), la compaƱƭa pretendĆ­a revolucionar el negocio de la alimentación minorista (con un volumen de facturación anual de 450.000 millones de dólares) con un sistema para hacer pedidos online y con un servicio de entrega en la puerta en el mismo dĆ­a. En Webvan creĆ­an que la suya serĆ­a una de las primeras «aplicaciones rompedoras» de internet: los clientes sólo tendrĆ­an que seleccionar, hacer clic y realizar el pedido. 

El consejero delegado de Webvan dijo a la revista Forbes que su empresa «dictarĆ­a las normas para el mayor sector de consumo de la economĆ­a». AdemĆ”s de acumular millones de dólares, parecĆ­a que los creadores de Webvan hacĆ­an todo bien. Respaldados por inversores de capital riesgo experimentados, la empresa empezó una carrera para construir grandes almacenes automatizados y compró flotas de furgones de reparto, y a la vez construyó un sitio web fĆ”cil de usar. Webvan contrató a un consejero delegado con mucha experiencia procedente del sector de la consultorĆ­a. 

Incluso a los primeros clientes realmente les gustó el servicio. Sin embargo, apenas veinticuatro meses despuĆ©s de su salida a bolsa, Webvan habĆ­a quebrado y estaba fuera del mercado. ¿QuĆ© habĆ­a pasado?.

Ɖste no fue un fracaso por una mala ejecución. Webvan realizó todo lo que su consejo de administración y sus inversores pidieron. En particular, la empresa siguió con fervor el modelo tradicional de introducción de nuevos productos comĆŗnmente utilizado por la mayorĆ­a de las startups e incorporó los mantras de la Ć©poca: «La ventaja del que llega primero» y «Hazte grande rĆ”pidamente». 

El error de Webvan de no preguntar «¿dónde estĆ”n los clientes?» ilustra cómo este modelo, probado y aceptado como verdadero, hizo que una de las startups mejor financiadas de todos los tiempos se encaminara al desastre.


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